Quiero advertir que algunas veces es posible que utilicemos palabras propias del léxico marxista, que no son muy conocidas. No tengan temor, ni se avergüencen de preguntar. Tengan en cuenta que el profesor tampoco es un profesor habitual; es decir, que no tiene hábito de profesor. Porque yo no soy un teórico, he sido siempre un revolucionario práctico. Toda mi vida. Y solamente me he acercado a la teoría por las necesidades de la lucha revolucionaria.

Cuando fundamos el Partido Comunista Revolucionario, confluyer­on varios sectores; la ruptura del Partido Comunista fue muy amplia, muy heterogénea. Y estuvo vinculada a la posición que tuvo el PC frente al Che Guevara. Todavía no éramos maoístas, tardamos muchos años en ser maoístas. Y estábamos muy infiltrados. Nos encontrábamos como un pajarito al que le abren la jaula y, al comenzar a volar, se da cuenta de que en la libertad del bosque, en soledad, no sólo va a recibir caricias, sino que hay terribles monstruos que se lo quieren devorar. Y la vida nos fue enseñando que no había que desentenderse de la elaboración teórica.

En el Tercer Congreso del Partido — cuando todavía teníamos al compañero René Salamanca, a Gody Álvarez, alcompañero Angel Manfredi y a tantos compañeros que hoy están desaparecidos — yo hice autocrítica ante el Congreso por haber delegado las tareas teóricas. Fue una autocrítica sincera. Porque nosotros descubrimos en ese camino que habíamos comprado algunas teorías revisionistas.

Resulta que el socialimperialismo — que venía al ataque y ya en esos años era dominante en la Argentina — trataba a las fuerzas de izquierda con el método que se usa para manejar a un buey: ponerle el yugo, ponerle las anteojeras y picanearlo para que se apure, o dejarlo de picanear para que esté tranquilo. El yugo era la teoría. Y disponían de una "botica" de teorías, proporcionando la más adecuada para cada "paciente". Decían: estos muchachos, ¿para dónde se caen? Para tal lado. Bueno, dale tal teoría. Y nosotros las había­mos adoptado. Y llevábamos, desgraciadamente muchas veces con alegría, el yugo del buey. Lo mismo que las anteojeras que, a partir de la teoría, son las elaboraciones políticas. No podíamos ver nada, porque con el yugo el buey no puede mirar para arriba y con las anteojeras no puede mirar a los costados, entonces lo único que puede ver es la huella que le trazan y nada más.

Eso pasó con Vanguardia Comunista. En marzo del '73, finalizado el turno dictatorial de Lanusse, asumió Cámpora y saludó desde el balcón de la Casa Rosada junto a Dorticós, presidente de Cuba, y a Salvador Allende, presidente de Chile, por el frente de Unión Popular. Pero Vanguardia Comunista dijo: "Nada ha cambiado, todo sigue igual". Como el yugo no le había permitido mirar para arriba, no pudo ver ese balcón, y a partir de eso cometió graves errores políticos. Entonces, la vida nos fue enseñando, yen ese Congreso hicimos autocrítica, y comprendimos que por lo menos los dirigentes del Partido no pueden delegar lo teórico. Y los jóvenes, que quieren construir una fuerza revolucionaria, que están acá, no tienen que menospreciar la importanciade la teoría. El marxismo-leninismo-maoísmo es la ciencia de la revolución y, como toda ciencia, debe ser estudiada.

A partir de ahí tuvimos que estudiar el modo de producción en el Virreinato del Río de la Plata. Era un debate importante en ese entonces, porque ponía en discusión el tipo de revolución, no sólo en la Argentina. En Brasil decían que Portugal, cuando colonizó Brasil, era un país capitalista. Y acá decían que España ya era capitalista en la época de la conquista de América y que el Virreinato habíasido capitalista. Por lo tanto, si éste ya era un país capitalista cuando Mariano Moreno redactó la Representación de los Hacendados, ¿cómo íbamos a luchar por una revolución democrática, agraria y antiimperialista?

Y entonces tuvimos que recorrer ese camino, y estudiamos y escribimos siempre exigidos por la práctica.

Por ejemplo, en el Cuarto Congreso hubo compañeros que plantea­ron que en la pampa húmeda no había campesinos pobres. Y ahí hubo que investigar y publicamos el folleto de Los ignorados... A eso me refiero.

Este libro El marxismo y la revolución argentina (con sus dos tomos) surgió casi como una obligación; porque nosotros, cuando fundamos el Partido, anduvimos boleados, un poco perdidos, traíamos nuestro fardito teórico del PC, pero eso no quiere decir que no estudiáramos. Sobre todo el núcleo que venía del Partido con el compañero Pedro Planes, que fue el gran dirigente nuestro y murió apenas constituido el Partido, porque también tuvimos esa desgracia. Planes estudiaba economía, yo estudiaba el tema agrario y el compañero Ratzer, que falleció en el '78, estudiaba la historia del movimiento obrero argentino y el Partido Comunista en relación a él. José Ratzer había escrito El movimiento socialista en la Argentina, que era una especie de prólogo para el libro que se proponía escribir sobre la historia del Partido Comunista. Por eso, a su muerte, tuve que agarrar la posta, como quien dice. Tal vez con la misma audacia con la que un día decidimos fundar el Partido. Un viejo fundador del Partido Comunista nos había advertido: "Usted­es no saben lo que es fundar un partido". Luego pasaron los años y, verdaderamente, tuvimos que darle la razón: es muy difícil construir una fuerza política revolucionaria, marxista-leninista.

Así fue como yo tomé la tarea de escribir sobre este tema. Estudiar­lo. Y, al hacerlo, fui conociendo a los personajes, fue surgiendo el cariño por esos personajes. Como le sucedió a Lenin con Plejánov. Plejánov se convirtió en un gran revisionista, pero Lenin lo respetaba mucho porque en su momento había sido el más grande marxista de Rusia, y todos habían aprendido de él.

A eso se refiere Gramsci cuando dice que las generaciones actuales tienen que aprender de las que las precedieron.

Es posible que en algunos años los jóvenes se rían de nosotros, de las cosas que decíamos, de las cosas que hacíamos, que señalen que no nos dábamos cuenta de algunos fenómenos... Pero tienen que saber que todo lo que se ha hecho para avanzar en la lucha por la emancipación de la clase obrera ha costado muy caro a los padres, a los abuelos, a los bisabuelos, al movimiento obrero. Porque de eso se trata, del movimiento obrero.

En su artículo Sobre el estudio (está en el tomo II de las Obras Escogidas) dice Mao Tsetung: "Todos los militantes del partido deben estudiar la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin, como ciencia de la revolución".Segundo: "estudiar nuestra historia nacional"; hacer un análisis crítico y, en particular, habría que decir acá, la historia del movimiento revolucionario argentino. Y tercero: "la situa­ción y tendencias del movimiento actual, porque lo nuevo surge sin cesar". Entonces, todos los militantes tienen que estudiar, porque es una necesidad. (…)

La Nación Argentina

En el libro se habla de la nación argentina, del tango, del lunfardo. Algunos dirán: mirá las cosas en que se mete. Pero nosotros necesitamos estudiar qué es la nación para los marxistas. ¿Y qué es la nación para los marxistas-leninistas? ¿Qué es la nación? ¿Existe una nación argentina? Porque todos los que confrontan con nosotros — y hoy día son hegemónicos en las aulas universitarias — todos ésos dicen que la nación argentina es una creación estatal. Como dice José Carlos Chiaramonte, una construcción estatal que "tiene como objetivo el bien común y la prosperidad" (sic). Él se basa en su gran maestro, que es "Pancho" Aricó, quien a su vez toma lo de Otto Bauer: "La nación es una comunidad de carácter y de destino". Es necesario polemizar con Chiaramonte. Porque mal podemos luchar en la defensa de una nación argentina frente al imperialismo, si en realidad no existe la nación argentina.

Y esas polémicas que se daban de determinada manera en la década del '20, hoy, en la época de la "globalización", se dan desde otro ángulo, pero está planteado el mismo debate. Y en este tema vamos a tener que recurrir a ese hombre tan vilipendiado, que es José Stalin. Al conocer su obra El marxismo y el problema nacional dijo Lenin: "Ese joven georgiano que ha escrito un trabajo tan interesante sobre el problema nacional..." y después incluso fue nombrado responsable en el tema de las nacionalidades. No hay otro camino. Yo tengo un amigo, no lo voy a nombrar acá, que me dice: "Yo cualquier cosa en el Partido, menos estudiar a Stalin". Bueno, este amigo no va a entender nada del problema nacional. Porque si no lee a Stalin, que analiza el problema nacional desde el punto de vista marxista-leninista, va a tener que ir a leer a los socialdemócratas.

Entonces, lo importante es que estudiemos estas cosas: qué es el leninismo, qué es el marxismo, qué es el maoísmo. Que estudie­mos. Que los que más saben ayuden a los que menos saben. Que todos nos ayudemos, y que podamos iniciar un camino de estudio, para los amigos del Partido, para los camaradas, que están aquí presentes, que creo que va a ser bueno para la lucha revolucion­aria.